Créditos de biodiversidad: hacerlo bien desde el principio
Artículo escrito originalmente por Patricio Lombardi, director ejecutivo de la Environmental Markets Fairness Foundation, para Illuminem.
Tenemos que responder a la crisis ambiental global. Contamos con el conocimiento científico para afrontarla; lo único que falta es coraje político. Más de mil expertos científicos que representan a 195 países, reunidos por Naciones Unidas en un organismo intergubernamental llamado IPCC, dicen lo mismo:
«No hay tiempo que perder… Tenemos que cambiar la forma de hacer las cosas desde el principio. Retrasar la acción aumenta los riesgos.»
A lo largo de 2023, los mercados de carbono se sumergieron en una crisis de gran alcance, con un impacto palpable en la caída de precios y en el volumen de proyectos. Quedó clara la necesidad de repensar los programas actuales, con los esquemas de precios, la falta de regulación robusta y la fragilidad de las salvaguardas socioambientales como retos principales.
La semana pasada, el presidente Emmanuel Macron publicó un artículo en el que afirmaba:
«La reforma del mercado voluntario de carbono es esencial. Necesitamos crear un mercado internacional de carbono y biodiversidad que permita a actores públicos y privados organizar intercambios voluntarios de créditos de carbono, con criterios suficientemente ambiciosos para evitar el greenwashing y remunerar a las comunidades locales.»
Y tiene razón. Ante esta crisis es imperativo trabajar de forma colaborativa y coordinada en medidas que promuevan la integridad, la transparencia y la calidad de los proyectos, esenciales para avanzar hacia un futuro más sostenible y resiliente frente a los desafíos climáticos globales.
En la Environmental Markets Fairness Foundation nos centramos en contribuir a la formación de capacidades, uno de los mandatos del Acuerdo de París, porque creemos que es la base fundamental para lograr equidad en los mercados de carbono.
Partimos de un enfoque holístico, que entiende la interrelación entre la crisis ambiental global, la pérdida de biodiversidad y la salud planetaria como parte de un mismo equilibrio: dañar la salud de nuestro planeta es dañar la nuestra.
Creemos firmemente que reforzar nuestras capacidades colectivas y fomentar una acción consciente y proactiva es la hoja de ruta hacia la justicia climática. Por eso apostamos por la educación y la sensibilización. Eso significa implementar los artículos 11 y 12 del Acuerdo de París.
Además, para contribuir a proteger la salud planetaria hay que entender, en primer lugar, que los mercados ambientales son la herramienta más desarrollada hasta ahora para canalizar el acceso a la financiación sostenible.
En segundo lugar, es esencial impulsar las soluciones basadas en la naturaleza (SbN), caracterizadas por intervenciones complejas debido a su vínculo con las comunidades, pero vitales porque pueden mitigar el 30 % de las emisiones globales.
Tender puentes hacia impactos positivos para la naturaleza: los créditos de biodiversidad
En este escenario, los biocréditos emergen como solución integral. Conviene entender que actuar para proteger la biodiversidad aporta más beneficios que abordar solo la mitigación de gases de efecto invernadero: no solo asegura salvaguardas socioambientales, sino que también supone un mayor reconocimiento del esfuerzo de las comunidades locales, guardianas indiscutibles del 80 % de la biodiversidad del planeta.
Ese aprendizaje nos llevó, en la última COP de Dubái, a organizar el evento «Catalyzing Nature-Positive Action Through Biodiversity Credits: A Holistic Approach From The Global South», coorganizado con Cercarbono, el certificador de estándar internacional con base en América Latina.
Decidimos presentar como caso de éxito los créditos de biodiversidad de Savimbo, una startup estadounidense con base en la Amazonía colombiana. Sus miembros fundadores pertenecen a las comunidades donde se desarrollan los proyectos, lo que garantiza una estructura de gobernanza con las comunidades implicadas en la toma de decisiones desde el inicio hasta el momento en que reciben su compensación.
Propusimos también el enfoque holístico necesario para analizar estas cuestiones, y por eso invitamos a la Hon. Emilce Cuda, enviada del Vaticano para América Latina, que desde una mirada socioambiental centrada en las personas instó a responder al llamado moral de asumir la responsabilidad de proteger nuestro planeta y garantizar un desarrollo justo y equitativo, con las comunidades al frente de la protección de los recursos naturales. Ese enfoque trasciende e incluye a las tres religiones abrahámicas, y reconoce la necesidad de sumar esfuerzos a escala global para cuidar nuestro entorno.
Para completar esta visión integral contamos con el compromiso del sector privado, con la presencia de José Luis Manzano, consejero delegado de Integra Capital, referente en mercados emergentes y energías renovables. El empresario afirmó que el capital natural de América Latina es la clave para encontrar soluciones a la crisis ambiental global, pero que el éxito de esas soluciones solo es posible si hacemos las cosas bien desde el principio.
Eso implica liderar todas las actividades con compromiso social y ambiental e integridad. Por esa razón anunció que su compañía invertirá para explorar las oportunidades de implementar créditos de biodiversidad en el Bosque Atlántico, que junto con la Amazonía es uno de los cinco biomas más amenazados del planeta según Naciones Unidas.
Perspectivas para 2024
Empezamos 2024 con una señal alentadora: el reciente anuncio del Foro Económico Mundial (WEF) sobre el lanzamiento de un innovador Biodiversity Credit Buyers’ Club, que no solo reforzará la confianza en este esquema de mercado, sino que demuestra que los inversores corporativos están listos para dirigir financiación hacia la salud de los ecosistemas.
Es imprescindible reconocer que estamos en estado de emergencia, con el aire, el agua y el suelo degradados, con impacto directo en nuestra salud. Si de verdad queremos resolver esta crisis, primero hay que poner sobre la mesa algunas cuestiones clave.
La primera: abordar la brecha actual entre el precio por tonelada de carbono que se negocia en el mercado voluntario, entre 2 y 6 dólares, y el precio real que debería tener, con un suelo de 75 dólares por tonelada.
Esa brecha es injusta, según el análisis de dos premios Nobel de Economía convocados por el Banco Mundial, y supone un reto significativo para abordar con eficacia soluciones sostenibles al problema de las emisiones.
En la misma línea, es crucial cuestionar las conclusiones de los informes de las grandes consultoras internacionales y de la banca multilateral de desarrollo, que hoy afirman que solo el 55 % del PIB mundial depende de la naturaleza.
La pandemia actuó como catalizador y reveló aún más el vínculo vital entre actividad económica y recursos naturales. Eso subraya la necesidad de revisar y comprender mejor el alcance real de nuestra dependencia de la naturaleza en todos los ámbitos de la actividad humana.
La biodiversidad funciona como el sistema operativo de la naturaleza. Sin los servicios ecosistémicos cruciales de los biomas del Sur Global, nuestro planeta tal y como lo conocemos llegaría a su fin. Se acabó la partida.
En esta ecuación, los pueblos del Sur Global tienen mucho que aportar y que enseñarnos en el camino de proteger los biomas más importantes, dado que América Latina alberga 6 de los 11 países más biodiversos del planeta. Con la herramienta de los mercados ambientales y equidad socioambiental, la región puede contribuir enormemente a proteger y preservar los bosques primarios, principales reservorios de vida multidiversa.
Por eso Colombia, segundo país más biodiverso del mundo, ha sido designada anfitriona de la próxima Cumbre de Biodiversidad. El evento se perfila como el escenario ideal para impulsar negociaciones decisivas sobre la implementación del mercado emergente de biocréditos. El CDB ofrece una oportunidad única para establecer acuerdos definitivos que revolucionen la conservación de la biodiversidad a escala global.
Desde la Environmental Markets Fairness Foundation celebramos, como resultado de esta última COP28 de Dubái, la decisión oficial de Naciones Unidas de construir una agenda conjunta entre el CDB sobre biodiversidad y la COP sobre cambio climático. Busca reflejar la interrelación entre ambos asuntos, asumiendo que no es posible afrontar la crisis climática sin abordar la protección de la biodiversidad.
Durante 2024 participaremos activamente en la próxima CDB16 en Cartagena y en la COP29 de Azerbaiyán, y contribuiremos a soluciones integrales para la crisis ambiental global. Renovaremos nuestro compromiso con la formación de capacidades en los términos de los artículos 11 y 12 del Acuerdo de París, para lograr estructuras de gobernanza con impactos positivos en la naturaleza que sitúen la equidad, las comunidades locales y la biodiversidad en el centro de la sostenibilidad.
Sobre el autor
Patricio Lombardi es director ejecutivo de EMFF, una alianza estratégica forjada entre regiones, gobiernos y organizaciones civiles del Sur Global. Fue el primer ministro de clima nombrado en América, como secretario de Cambio Climático de Argentina.
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